Sueño

cuando tu hijo
no duerme

Un niño no duerme mal porque sí. Duerme mal cuando su reloj interno está desajustado, su sistema nervioso no consigue soltar, su tripa molesta, su respiración no fluye o le faltan los nutrientes con los que el cerebro fabrica el sueño.

cuánto necesita dormir

Referencias habituales, incluyendo siestas:

  • 4 a 12 meses: de 12 a 16 horas
  • 1 a 2 años: de 11 a 14 horas
  • 3 a 5 años: de 10 a 13 horas
  • 6 a 12 años: de 9 a 12 horas
  • 13 a 18 años: de 8 a 10 horas

Pero la mejor medida es el día: energía estable, buen humor, capacidad de regular las emociones y de concentrarse. Un niño que duerme lo suficiente pero se levanta agotado no está descansando.

por qué el sueño es tan importante

Mientras duerme, un niño:

  • Crece: la hormona de crecimiento se libera en el sueño profundo
  • Organiza su sistema inmune y consolida sus defensas
  • Limpia su cerebro: el sistema glinfático elimina desechos metabólicos durante la noche
  • Consolida lo aprendido y procesa las emociones del día
  • Repara sus tejidos y su mucosa intestinal
  • Regula su metabolismo y su apetito

Dormir mal de forma sostenida se nota en las defensas, la piel, la tripa, la conducta y el aprendizaje.

despertarse no siempre es un problema

Todos nos despertamos al final de cada ciclo de sueño. Los bebés necesitan cercanía para volver a dormirse, y eso es biología, no un mal hábito. Los despertares son normales en el primer año y frecuentes en el segundo.

Lo que merece atención es el sueño que no madura: muy fragmentado, inquieto, con ronquidos, con sudoración, con despertares llorando o con un niño que por el día está agotado.

las cinco raíces del sueño

1 · El reloj interno

El ritmo circadiano coordina la subida del cortisol por la mañana (para despertar y activar) y de la melatonina por la noche (para dormir). Ese reloj se ajusta con la luz: luz natural intensa por la mañana y oscuridad por la noche. Si el niño pasa el día en interiores y la noche entre pantallas y luz blanca, el reloj se desordena.

También lo ajustan los horarios de comida, el movimiento y la temperatura.

2 · El sistema nervioso

Para dormir hay que pasar del modo alerta (simpático) al modo reposo (parasimpático). Un niño sobreestimulado, con prisas, pantallas, tensiones o cambios vitales no consigue hacer ese cambio.

Los niños pequeños aún no saben regularse solos: se regulan con un adulto calmado. La co-regulación —contacto, voz tranquila, presencia— es la herramienta más potente para dormir.

Algunos niños tienen además un procesamiento sensorial más intenso o un sistema de reflejos que aún no ha madurado del todo, lo que les hace más difícil calmarse. Merece la pena valorarlo.

3 · El intestino

Buena parte de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino, y la serotonina es la precursora de la melatonina. La microbiota influye en el sueño a través del eje intestino-cerebro. Y cualquier molestia digestiva —gases, estreñimiento, reflujo, dolor— fragmenta el descanso aunque el niño no llegue a despertarse del todo.

4 · La nutrición

El cerebro fabrica el sueño con materias primas:

  • Triptófano: huevo, pescado, pollo, legumbres, lácteos, frutos secos y semillas adaptados a la edad
  • Magnesio: verdura de hoja verde, legumbres, semillas de calabaza, cacao puro, aguacate
  • Hierro: su déficit, con ferritina baja aunque no haya anemia, se asocia a piernas inquietas y sueño fragmentado
  • Vitaminas del grupo B y vitamina D
  • Omega-3, que participa en la regulación del sueño

Y una glucosa estable: cenas azucaradas o muy tardías provocan subidas y bajadas que liberan cortisol y adrenalina de madrugada.

5 · La respiración

Un niño que respira por la boca, ronca o hace pausas no llega a un sueño reparador. Detrás puede haber vegetaciones, amígdalas grandes, rinitis alérgica, mocos crónicos o una función orofacial alterada.

causas que hay que descartar

  • Apnea obstructiva del sueño: ronquido habitual, pausas, respiración bucal, sudoración, posturas forzadas, cansancio diurno
  • Déficit de hierro y ferritina baja
  • Dermatitis atópica y picor nocturno
  • Reflujo, estreñimiento, dolor abdominal
  • Rinitis y mocos crónicos
  • Ansiedad, cambios vitales, tensiones en casa
  • Alteraciones del neurodesarrollo
Consultad sin esperar si
  • Ronca casi todas las noches o hace pausas al respirar
  • Duerme con la boca abierta de forma habitual
  • Tiene somnolencia llamativa durante el día
  • Ha dejado de crecer al ritmo esperado
  • Los despertares vienen con un llanto inconsolable que no encaja con su forma de ser

cómo recuperar el sueño desde el terreno

Luz: la palanca más potente

Media hora de luz natural por la mañana, a ser posible al aire libre. Por la tarde, luz cálida y baja en casa. Nada de luz blanca ni pantallas en la última hora. Luz roja si podemos.

Ritmos estables

Misma hora de levantarse y de acostarse todos los días, también el fin de semana. Comidas a horas regulares.

Movimiento y naturaleza

Mucho juego físico y aire libre durante el día. El cansancio físico sano ayuda a dormir; la sobreestimulación, no.

Una cena que ayude a dormir

Temprana —al menos hora y media antes de acostarse—, sencilla y nutritiva: proteína (huevo, pescado, pollo, legumbre), verdura cocinada y un hidrato de calidad (arroz, patata, boniato, avena). Sin azúcar, zumos, bollería ni ultraprocesados. Nada de chocolate con leche ni refrescos.

Un ritual de conexión

Veinte o treinta minutos, siempre en el mismo orden: baño templado, aceites esenciales, pijama, cuento, un rato de contacto y charla tranquila, luz roja, ejercicios de respiración, cama. Es el momento de bajar revoluciones juntos. El niño se duerme cuando su sistema nervioso siente que está a salvo.

Cuidar la tripa

Si hay estreñimiento, gases o dolor, trabajarlos mejora el sueño. Fibra, agua, fermentados, horarios regulares y cenas ligeras.

Respirar por la nariz

Lavados nasales antes de dormir si hay mocos, habitación ventilada, control de alérgenos y humedades. Si respira por la boca de forma habitual, valoración.

Un dormitorio que invite a dormir

Fresco (18-20 grados), oscuro, silencioso, sin pantallas y sin cargadores encendidos. Si necesita luz, tenue y cálida.

Calma en la familia

Los niños duermen mejor en casas donde los adultos también bajan el ritmo por la noche. Cuidar el descanso de los padres es parte del plan.

sobre la melatonina

No es un primer paso ni algo para comprar por cuenta propia. Si el reloj interno, la luz, la nutrición, la tripa y la seguridad emocional están desordenados, la melatonina tapa el síntoma unos días y deja la causa intacta. En niños su uso debe valorarlo un profesional, con indicación, dosis y horario definidos, y siempre acompañando el trabajo sobre el terreno.

Por dónde empezar
  • Luz natural por la mañana
  • Misma hora de acostarse cada día
  • Cena temprana, sencilla y sin azúcar
  • Pantallas fuera una hora antes
  • Ritual de conexión antes de dormir

Dadle tres semanas antes de juzgar. El sueño cambia despacio.

preguntas frecuentes

¿Hay que dejarle llorar?

No: conviene revisar las cinco raíces —reloj, sistema nervioso, intestino, nutrición y respiración—, porque ahí está casi todo el margen. Cada familia elige después desde el respeto a su hijo y a su propio descanso.

Mi hijo de cuatro años sigue durmiendo con nosotros, ¿es un problema?

No en sí mismo. El colecho es una decisión familiar y ofrece co-regulación. Solo es un problema si alguien descansa mal de forma sostenida; entonces se busca una transición sin prisa.

¿Pesadillas y terrores nocturnos son lo mismo?

No. La pesadilla ocurre en la segunda mitad de la noche y el niño la recuerda. El terror nocturno aparece en las primeras horas, no llega a despertarse y no lo recuerda. Suele aumentar con cansancio acumulado y horarios irregulares; no hay que despertarle, solo cuidar que no se haga daño.

Dra. Mar Begara

Médica especialista en Pediatría, colegiada nº 28/41691. Dirige la Clínica Mar Begara, en Pozuelo de Alarcón, donde trabaja la pediatría y la medicina integrativa para toda la familia.

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Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye a una consulta médica. No tiene en cuenta la situación concreta de ningún niño. Ante cualquier síntoma que os preocupe, consultad con vuestro pediatra o acudid a urgencias. Aviso legal.

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